Metáforas de la vida
sábado, 14 de septiembre de 2013
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jueves, 18 de abril de 2013
La Fortaleza
Fragmento. 
Que extraño, no podía
despertar de un sueño plano, del olvido
interno del alma y del cuerpo, en el que
habita una sensación de vacío perpetuo que desnuda un mundo desértico, infinito, profundo, e
inundado de cólera y caos, parece que
todo se alineara contra mí, contra mi emancipación, contra mi destino, al
inicio solo una corriente de aire toca mi cara, agitando al mismo tiempo mi
frágil y oscuro gabán, mientras mis pensamientos divagan en el pasado aliento
de mi juventud y el pálido incierto de
mi futuro. ¡Que tristeza! Ahora solo acumulo
un mundo de inquebrantables espacios, de inalterables vacíos, de perdurables
momentos de rutina
y soledad, en el que solo despuntan las llamas del viento y un escalofriante polvo marrón, que emanaba de las áridas y estériles montañas que a lo lejos se ven, gritando lamentos
y murmullos de soberbia, arrogancia y altivez que me señalan al
ego, haciéndome sentir cuan pequeño y diminuto soy, y en llanto cubre mi rostro.
En mi sueño soy y no soy
una pequeña criatura de aspecto
particular, casi monstruoso, que desearía en la luz del destino jamás haber
conocido la vida, sin embargo el martirio constante me recuerda que debo sobrevivir una
encarnizada abstracción de algo que me duele ser, es como estar en manos
de otro, alguien más fuerte que yo, que
aprieta sin mayor tregua sobre mi
garganta, sin dejar espacio al respiro de mi inconsolable pero obligada vida. Mi degolladero sufre lentamente
el martirio de la muerte en las manos de otro, de cualquiera más afanoso, debe
ser el deseo de desprender de sí la
frialdad del sentimiento de una consumida y solitaria vida, no obstante siento en mi brazo la fuerza destructiva,
siento sobre mi mano un frágil e insignificante cuello rogando por su vida, y
entonces veo la desagradable figura simbólica de la repugnante efigie que no quiero ser.
Es la metáfora del alma la que se describe en la tinta tenebrosa de la existencia,
reflejando el significado parco y adverso de una imagen física nauseabunda, digna de
concebir hastío y repulsión por el solo hecho de tomarlo en tu mano. ¿A qué se parece esto? No hay nada que lo contenga, es
tan oscuro el pensamiento mismo de la
inconciencia, que la hipocresía es una quimera
del anhelo falso, de la tergiversación, agradable a los ojos sabios e infame
para el corazón.
El tiempo avanza, el viento
azota, el veneno lastima, y la lucha permanente entre lo indeseado y la
rebeldía del alma continua tan desgarradora
como la mirada sacrificada de la detestable criatura que atormentada
y sin aliento me advierte con un
impenetrable ruego, que solo pretende
una cobarde huida desligada por su postrero esfuerzo lejano de la voluntad.
Así es la metáfora del alma, es un
incesante vaivén de fuerzas lóbregas otorgadas por la conciencia y los
sueños, por lo nauseabundo y el espíritu de fortaleza agregado al valor
humano. Qué triste o melancólico puede ser el destino cuando
se lleva una vida sombría.
Cada momento, cada
despertar es inocuo, inofensivo, nostálgico, pero de muchos espacios de
pensamiento libre, de desespero por salir del cuerpo inhumano y bárbaro de la
inmoralidad. Ahora solo recuerdo que la bestia de insuficiente pelo y un tonalidad
muy similar al de una rata de drenaje aparece en una ciudad temprana y
solitaria habitada por muchos hombres, pero divagada por uno solo, es el hombre de la
desesperanza, del encierro del alma, no sé cuándo pueda salir de este
enfrentamiento entre lo posible y lo anhelado si las fuerzas de la
voluntad son tan reprimidas por el oscuro sentimiento del ermitaño ser
que habita dentro de mí y que no me permite hablar, ni vociferar con las ansias que deseo.
El regreso al pasado es una metáfora del alma habitada por una bestia impúdica
e infame de privado arrojo que continua
fragmentando capítulos de miseria disfrazados en situaciones adversas y casi
inimaginables por un hijo del amor.
Pero el abrir y cerrar de los ojos, del tiempo que recorre nuestros
envejecidos cuerpos me lleva a un Camino solitario, en el que alguien me sigue,
me atormenta, lo siento en mi espalda,
en mi piel en el latir acelerado de mi corazón, y sé que no es el viento que me
acompaña con su suspiro desolado, porque mis sentidos conscientes saben que
existe una presencia mucho más penetrante y espantosa que posa sobre mi ente.
Entonces me aborda, me llama, sus palabras son un hechizo a mis
oídos y desvanezco en su pensamiento, su mano posante espera el tacto de la mía, me espera temblante y
casi arrogante mientas mí atormentada existencia oculta sin resistencia alguna la necesidad de negar
la entrega de la virtud y el respiro a un incesante castigo rutilante, ardiente,
vulgar, provocado por la fuerza lóbrega con
la que aprieta la bestia su mano con mi alma, demostrando su displicencia y
preponderancia sobre mí enajenada
conciencia.
En medio de este sufrimiento
maléfico, muchas cosas pasan por mi cabeza, golpeando imágenes que asemejan la descripción del misterioso y tenebroso hombre inmóvil
que ajusta mi tan apesadumbrada
mano. También me asalta el recuerdo de un eco de palabras que he escuchado a lo
largo de mi vida, el recuerdo y la sensación de escuchar a muchas personas hablar, todas al mismo tiempo, sobre sueños oscuros e
inexplicables que infunden pánico y desasosiego en los días postreros a su
gestación. Evoco la voz de mi hermano, de algunos “amigos” y no amigos que pasaron por mi vida dejando algo de sí en la futura
figura de mi vida, y entre esos recuerdos e imágenes vagas que agitan mis entrañas,
sobresale un hombre alto, sin
rostro, sombrío, silencioso, atormentado, vacío, despreciable, oscuro, que
fácilmente se mimetiza con el miedo, y aparece sobre tus sueños sin pedir
permiso y se ríe, se burla, te desprecia con una sonrisa maquiavélica mientras
se orina en su inmundicia, qué representación del miedo puede sustentar tan esotérica alucinación del ladrón de mentes frágiles y débiles, de vidas tristes,
pobres y vacías enmarcadas por la soberbia la envidia y la altivez.
Un pequeño momento bastó para entender que
mi vida ya no me pertenecía, ya había caído preso del miedo cercano de la
metáfora de mi vida, la tentación fue más fuerte que yo pues mi mano me
traicionó. Ahora solo ausculto una
menesterosa voz en el ocioso de mi mente, que me aterriza al momento que en
adelante tendré que afrontar…Ahora entiendo por qué tanto silencio en las
calles de aquel lugar divagado por un solo hombre, entendí que era el buscador
de almas y mentes débiles atolladas, estancadas por la soberbia, ¡lástima! Que
tarde lo alcance a concebir. El encierro me desespera, estoy aprisionado
dentro de cuatro paredes sin ninguna salida, la habitación que me
impide el deseo de libertad es incomprensible, indescifrable, alimento
de la desesperanza, y no permite un mínimo apego a ella, no vislumbro cuando se
detendrá su movimiento oceánico que solo provoca un mareo nauseabundo en
mí, ¡quiero gritar! El desespero se ha
vuelto parte de mí, y quiero salir. Abandonar para siempre este lugar que
atrofia mis sueños y mi voluntad, porque no puedo pensar, sin embargo, no
encuentro salida, solo son cuatro paredes, ¿Cómo entre a este lugar?,
¿en qué momento caí preso de mis
inconsistencias y de mi inhumanidad?, ¿Cómo salir?, no le sé. Quizás solo deba esperar recostado
sobre mi ineptitud, o esperar sentado un alma fuerte y misericordiosa que
sienta pena por mi merecida suerte, ¡que inocuo!, que
débil, no puede ser que me piense rendir tan fácil, sin siquiera empezar una
pequeña batalla por desligar del yugo del miedo mi tan anhelada voluntad. Eso
es lo que debo hacer. Al fin estoy de píe nuevamente y a lo lejos de las cuatro
paredes veo nuevamente al obstáculo de mi vida, tan sombrío como siempre,
su brazo me apunta en una dirección, ¿Qué es eso? No lo creo, sobre las
cuatro paredes hay una puerta, ¡la veo!, una sonrisa tenue dibuja mi rostro, y
me acerco lentamente sin miedo, pero cautelosamente, mientras me acerco la sombría efigie abre la puerta y desaparece lentamente su imagen funesta, mientras lánguidamente la
puerta se cierra. Mi proximidad es excitante y desesperada, el encuentro con la
luminosidad de una nueva vida está cerca y el afán por despertar de esta
realidad de embotellamiento, sufrimiento y dolor me lleva a pasos
acrecentados y poco más que perennes al devenir postrero de mi redención, de mí
fortalecer y entender al fin mi tan requerida voluntad, preso de agilizar esta
exasperante situación alargo mi mano sin medir fuerzas y en una mirada
reflejante que me hace ver lento e impotente tomo la manija con mi mano izquierda para romper con mayor
ímpetu su estado, mientras mi mano
derecha rompe sobre el opuesto al cierre de la puerta un fulminante azote de rabia
hacia mi libertad, así es, todo lo que pienso pasa, todo mi raciocinio
es claro e inevitable, al menos eso es lo que pensaba, el enfrentamiento de lo
posible y lo inmoral no es tan sencillo, ¿por qué? No lo entiendo, nuevamente
estoy hablando solo, ¿Qué me pasa? No puedo evitarlo, que equivocado estoy, cada
momento que pasa solo remuerde mi paciencia, y la esperanza lentamente sucumbe
a mi dolor, los gritos que hace un momento carcomían mi garganta, ahora salen
con desahogo, sin barrera alguna que los pueda parar, mis rodillas débiles se
desploman lentamente sobre el piso frio y seco de aquel lugar, mientras mi
desesperanza empuja mis brazos y mis manos sobre mi atormentada cabeza
desgarrando mi cabello sobre un desalentado alarido e incesante ¡NO! Que solo
deja de ser pronunciado cuando el último aliento sale de mí ser. No sé cuánto
tiempo habrá pasado ahora, abro mis ojos y deseo que todo lo que paso sea solo
un sueño, pero el lugar sigue siendo el mismo, poco a poco recobro mis
recuerdos, e intentando probar que todo es falso me coloco de píe y me apoyo
sobre la puerta que tiempo atrás le dio un filamento de vida a mi apesadumbrada
soledad, detrás de la supuesta luminosidad no hay nada, ni una luz, ni
una ilusión, ni una perspectiva, solo un triste muro, tan fuerte como mi
flaqueza, como mi decaimiento, como mi desmayo, vuelvo la mirada a mi alrededor y nuevamente
estoy aquí, solo, encerrado, recaído, sin saber qué hacer, envuelto en una
creencia inédita de fé, al menos. La
decadencia ha dejado algo en mí, lo que antes era nada hoy es un débil germen
que tendrá que crecer, no me desesperaré nuevamente ni me ataré a una desesperanza, buscare
sin saber que busco, pero al menos buscare, algo que me deje salir y escapar de
este lugar, de este lugar que soy yo.
Al principio
intento ver sin ver, solo sentir, pero no siento nada, luego aparto mis
parpados de sí mismo dando paso lento a mis ojos para que atrapen lo que viene
de afuera, es un universo, todo afuera es un cosmos, no tiene fin, es hermoso,
infinito, eterno, pero, indescriptible, espantadizo, no es lo que yo esperaba,
pensé que la fortaleza estaría rodeada por las solitarias calles de un pueblo
marchito, pero no es así, al contrario el cielo está inundado, rodeado,
habitado, por innumerables cuerpos brillantes, y sólidos, por reflejantes
cuarzos que absorben el espacio físico del encierro que me contiene, intento
concentrarme en los minerales rotos para ubicar mi existencia, enfoco mis
esfuerzos en uno solo y es así como puedo describir el insólito lugar en el que
estoy, son cuatro paredes, eso es lo que advierto aquí dentro, en el vacante
externo alcanzo a observar
Dicen que la fé mueve
montañas, eso lo recuerdo con sobriedad, eso es lo que me permite latir,
aunque ese latir sea involuntario, si algo me ató a este lugar y me dejó aquí
dentro de él librando mi propia lucha, es porque necesariamente hay una salida,
o una entrada, no sé, no tengo explicación, lo sobrenatural existe, pero no es
humano, y yo lo soy, solo el tenebroso ser que me atormenta y subleva no lo es,
pero, ¿quién es?, quizás sean los antivalores, o la falta de
razón…mientras delibero y hablo conmigo mismo para mí mismo, una ventana abre
las paredes de la fortaleza en la que me encuentro, porque ahora sé que es más
que una prisión, eso sí es extraño, como el sueño aquel del que no podía
despertar, evitando una inevitable nueva decepción; espero, solo espero, quizás
todo sea un espejismo, imagino la sonrisa del despreciable ser burlándose de mi
con sus juegos sucios y soberbios de inhumanidad, solo me acercare a ella
cuando alimente bien mis sentidos y mi apetito por lo que pase o deje de pasar
sea saciado por mi reacción bien aventurada. Después de respirar exactamente 1316,
mil trecientas dieciséis veces, apoye mi mano sobre el piso para impulsar mi
cuerpo, y activar mis vicios y placeres sobre la ventana de mi alma.cinco pisos, y cada uno de ellos separado por miles de millones de partículas
que flotan y se repelen entre sí sin hallar contacto, y hacen que cada
estructura rote, se mueva, aparezca y desaparezca, como si se disipara en
varias dimensiones en tiempos relativamente cortos y emergieran nuevamente, y
bajo ese reflejo inédito noto como mi silueta expuesta al borde de la
ventana no es más que un insignificante punto sobre un claro de luz, que se
pierde y se disipa fácilmente, como el tiempo. Todo es impensado y pasa muy
rápido, debo actuar de esa manera, sin pensar siquiera en el lugar que me
espera, o en las miles de posibilidades que pierdo al elegir un camino
incierto, le estoy dejando a la suerte mis pasos, le estoy dejando al destino
una gota de confianza que me ayude a
resolver quien soy, apago las luces de mi vida para caer en un sueño del
sueño que tengo y que advierte mi gran deseo de enfrentar las anomalías que
habitan en las sensaciones ocultas, que mi razón obliga a permanecer perpetuas
en el olvido, pero, que buscan sin parar el momento preciso para doblegar el
esfuerzo de la conciencia y caer en el pecaminoso acto de la perversidad.
El enfrentamiento diario de
lo humano y lo perverso nos toca a todos, y hago un paréntesis en la metáfora
de la vida entre lo que podemos llamar una doble personalidad, o el deseo
inquebrantable de querer ser alguien en la vida a costa de lo que sea, y que
esa misantropía por ser alguien en la vida, no sea más que la imagen de aquel demonio que se
vanagloria de todo lo que tiene, pero, la putrefacción de su espíritu aleja de
sí toda posibilidad de Amor y perdón, porque los parásitos que se alimentan de
su carne terminan degradando y contaminando todo lo que se le considere
alimento al alma, al cuerpo y a la moral y el deseo inquebrantable de aquél
hombre que cierra los ojos para pensar y recibe en su vida la filantropía necesaria
para entender qué nada puede ser mejor que vivir una vida tranquila, afectuosa
y fastuosa de buena voluntad. Para expresar que no es fácil sentirse bien, que
aunque a veces nos sentimos ahogados por nosotros mismos en esa batalla entre
la dualidad de las cosas para elegir qué camino tomar, siempre tendremos esa
gran posibilidad de elegir, de caminar libremente por nuestras decisiones
aunque eso nos marque un destino no tan prospero, al menos si tranquilo y feliz,
porque
aquel que se siente libre es feliz, y
aquel hombre feliz es el que decide de acuerdo a su voluntad, aunque en muchas ocasiones
la tentación es más fuerte que el Amor, la razón y la misma voluntad, pero, nunca más fuerte que la
satisfacción y la fé al vencer.
La sensación de soledad no
justifica oposición cuando ha sido vulnerada la conciencia y los actos pusilánimes
para enfrentar los vicios del hombre son tan débiles que dan nauseas o tan
frágiles que esparcen migas de cobardía por todos los espacios que recorre tu asustadizo
e insignificante cuerpo solitario,
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